7 trucos para evitar el dolor de caballo al hacer ejercicio

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Cuando finalmente decidiste que te pondrías a hacer ejercicio, surge un pequeño inconveniente a los pocos minutos de que arrancaste: el dolor del caballo.

Inicia como una pequeña molestia al costado de tu abdomen, y como tus ganas de ejercitarte son muchas, lo ignoras y sigues.

El dolor persiste, por lo que decides bajarle un poco a la intensidad, pero continúas. Después de algunos minutos de lucha, el dolor te gana y dejas de hacer ejercicio. ¿Te ha pasado alguna vez?

No dejes que el dolor del caballo arruine tus ganas de moverte y sigue estos trucos para que nada interrumpa tu rutina:

  1. Calienta primero: dedica unos minutos antes de iniciar tu ejercicio al calentamiento. Estirar tus piernas y empezar a trotar de manera paulatina ayudarán a que tu cuerpo se prepare para un ejercicio más intenso.
  2. Aprende a respirar: empata tu respiración con el ritmo del ejercicio. Por cada respiración debes dar dos o tres zancadas si vas a una alta velocidad; en cambio, si vas un poco más lento, deben ser tres o cuatro zancadas por respiro.
  3. Revisa tu alimentación: cuando vayas a tener una carrera, desayuna algo ligero, de preferencia bajo en fibra y grasas. Pero principalmente, procura comer entre dos y tres horas antes de la carrera.
  4. Fortalece tus abdominales: tal vez no eres muy fan de los ejercicios que se enfocan en los abdominales, pero si tienes unos músculos oblicuos fuertes es menos probable que sufras el molesto dolor del caballo mientras corres.
  5. No corras con el estómago lleno: y no nos referimos únicamente a la comida. Jamás se te ocurra empezar una carrera si sientes la barriga llena de agua. Mantenerse hidratado es importante, pero un exceso puede provocarte dolor del caballo.
  6. Frunce tus labios: puede parecer extraño, pero el hacer esto mientras corres te ayuda a concentrarte mejor en la respiración. Obviamente no se trata solo de apretar los labios; recuerda que debes inhalar por la nariz y exhalar por la boca.
  7. Entrena tus pulmones: acostada boca arriba, pon un libro pesado sobre tu abdomen. Inhala llenando de aire tu vientre y exhala relajando los músculos del abdomen. Con este pequeño ejercicio aprenderás a respirar con el diafragma y no con los músculos del pecho.

¿Lista para tu próxima carrera? Prepárate con estos increíbles tips:

 

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