7 cosas inevitables que hacemos todas las madres

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Si ya te estrenaste como madre, muy seguramente ya te has encontrado en situaciones donde eres la viva imagen de tu madre.

Las mismas reacciones, actitudes, e incluso, frases, se repiten de generación en generación.

Pero, ¿qué crees? No importa cuánto quieras evitar repetir este patrón, hay ciertas cosas que vienen incluidas en el chip de todas las mamás:

  1. Obligamos a nuestros hijos a taparse… cuando nosotras tenemos frío.

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Obviamente, siempre estamos buscando el bienestar de nuestros hijos, por eso, cuando sentimos que baja un poco el termómetro, corremos a buscar chamarras y suéteres para todos. ¿Qué no tienen frío? ¡No importa! Mamá dice que hay que taparse, entonces, ¡hay que taparse!

  1. Adivinamos el pensamiento de nuestros hijos… cuando menos quieren que lo hagamos.

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Para ser honestas, este súper poder lo tenemos casi siempre, con la única diferencia de que nuestros hijos prefieren cuando adivinamos qué regalo quieren para su cumpleaños o el platillo que quieren que les preparemos. Pero, ¿qué creen? ¡No podemos controlarlo! ¿Los castigaron en el salón, reprobaron el examen, hicieron una travesura? Nosotras lo sabemos…

  1. Siempre seremos su mayor porrista… aunque a veces pueda ser algo incómodo.

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Ninguna madre puede negar la emoción y el orgullo de ver a su pequeño retoño haciendo algo extraordinario (y por extraordinario me refiero a atarse los zapatos por primera vez o sacar el mejor lugar de la clase, es igual). No importa el logro, siempre estaremos ahí para apoyarlos… aunque crean que las porras y las pancartas sean algo exagerado, para una madre nunca es demasiado.

    1. Cuando uno ha hecho algo malo… amenazamos con castigar a todos.

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Esto es una democracia, es decir, en esta casa se hace lo que dice la mamá: “todos parejos”. Ante la duda, preferimos aplicar la misma sanción a todos (no vaya a ser que se nos pase castigar a alguien). Lo que no saben nuestros pequeños es que, indirectamente, con esta hábil estrategia estamos creando fuertes lazos entre ellos… aunque sea para complotar contra nosotras.

      1. No chantajeamos… simplemente les recordamos todos los sacrificios que hemos hecho por ellos.

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¡Jamás seríamos capaces de manipular a nuestras criaturas con trucos baratos! Pero, de vez en cuando, no está de más recordarles cuánto amor sentimos por ellos y, sobre todo, lo que hemos estado dispuestas a sacrificar por su bienestar. Generalmente, cuando se portan mal o se están poniendo exigentes, es un momento ideal para tener este tipo de conversaciones.

      1. Siempre que podemos les contamos sobre las dificultades de nuestra juventud frente a las comodidades de la suya.

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“Yo a tu edad” es una frase que toda madre de adolescentes ha pronunciado por lo menos una vez por semana. Con esto, no queremos compararlos ni hacernos parecer seres superiores con capacidades sobrehumanas, simplemente, queremos que vean las grandes oportunidades a las que tienen acceso hoy en día… sin tanto esfuerzo como lo tuvimos que hacer nosotras.

      1. Vivimos en una eterna disyuntiva entre obligarlos a hacer sus labores o satisfacer nuestra manía de tener todo perfecto.

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Sabemos que es importante darles tareas en el hogar para que puedan ser adultos responsables, pero no importa cuántas veces les digamos cómo deben hacer las cosas, siempre sentimos una compulsión enfermiza por arreglar su cuarto. Si se preguntan por qué doblamos nuevamente sus playeras o por qué barremos sus cuartos dos veces, es simplemente para conservar nuestra sanidad mental.

No lo niegues. Más de una de estas situaciones te resulta familiar. ¿De cuántas eres culpable?

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