No trates de ser un padre perfecto, mejor sé un padre compasivo

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Ser un padre compasivo significa practicar el perdón todos los días (e incluso cada momento) con nosotros mismos mientras que para con nuestros hijos significa responderles amablemente.

Cuando nuestros hijos tienen dificultades o se vuelven “difíciles” es el momento para permitir que ocurran errores pero sin permitir que se confunda el amor o la pertenencia.

Modelamos y proporcionamos una guía amable, en lugar de usar palabras duras o castigos que solo despojan su autoestima. Lo mejor es proporcionar un espacio seguro en la relación para explorar y trabajar a través de todas las emociones, especialmente las que son difíciles.

La crianza compasiva también se trata de aprender a cuidarnos bien a nosotros mismos, para que podamos cuidar de nuestros hijos sin sentirnos resentidos con ellos o agotados. No solo los perdonamos, sino que también nos perdonamos a nosotros mismos por no haberlo hecho “bien” todo el tiempo o por no haber sido perfectos en eso. Podemos dejar de lado las expectativas irracionales y poco realistas y solo estar presentes en cuerpo, mente y espíritu. Les hacemos saber que estamos aquí, y nunca los abandonaremos ni nos daremos por vencidos. Creemos en ellos y creemos en nosotros mismos.

La compasión nos ayuda a inspirar positivamente a nuestros hijos a hacer cambios saludables y duraderos en sus vidas mientras lo hacemos en los nuestros. La compasión no es exigente o crítica. Se trata más bien de aceptar, amar y ser amable. Cuando nos tratamos con compasión, podemos extender esa práctica a quienes nos rodean.

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